| Descripción de la imagen |
|
La imagen de la virgén de Nuestra Señora de la Consolación llego al valle de Sumampa, en el sur del territorio del Tucumán antiguo, (hoy sur de la Provincia de Santiago del Estero) proveniente de Pernambuco en el norte de Brasil en el año 1630. Fue pedida por Dón Antonio Farias de Saa, un portugues radicado en Sumampa, y quien habria residido con anterioridad en esa región de Brasil, conformando una colonia portuguesa, pues poseia familiares y amistades aquella población de Brasil. En este simulacro, la madre y el hijo toman forma en una sola masa de arcilla cocida, bajo la acción de una mano desconocida cuyo anonimato no llegará a develarse nunca. El conjunto es un poco tosco y deficiente como obra de arte, pero la impresión que su presencia sugiere redime el ignorado autor de las fallas que puedan anotarse. Brota espontáneamente en el animo de quien la mira un sentimiento de ternura, algo como una emanación intima de cosa familiar muy querida. La virgen es pequeña no mide mas de 20 centímetros de alto y esta sentada sobre una banqueta rudimentaria, que a su vez se asienta en un montículo de piedra agregado posterior. La cara es bonita: muy amplia la frente; la nariz recta; la boca delicada; bien trazada la línea del mentón. Los siglos le han impreso un tinte pálido, medio amarillento, como de marfil viejo. El artista o mas bien el simple devoto aficionado, han logrado sin pensarlo tal vez, un acierto feliz en un detalle fácil: los ojos no han modelado nada le ha bastado una pincelada tenue, una oblea diminuta y una curva para conseguir una expresión. Revelación de la mirada Su mirada es serena firme sin dureza transparente y diáfana como un cristal. Por eso mira de frente y de frente con toda confianza se la mira. La toca blanca La Virgen de Sumampa cubre su cabeza ligeramente inclinada hacia su derecha con una toca blanca, manteleta o pañuelo grande que cae hasta poco mas abajo de los hombros. Y esta bien así conforme a la reglas de la modestia que ajusto su vida y a su conducta la moradora silenciosa de la casita humilde de Nazaret, donde la vida se deslizaba tranquila y feliz, bajo la mirada vigilante del jefe de la familia, el patriarca San José. La túnica y el manto La túnica en la imagen de Sumampa es roja de un rojo oscuro, semejante acaso a la de las vírgenes de Judá, que en los días festivos debía ser de púrpura de Tiro. Un ceñidor dorado que se anidaba a la cintura. El manto es azul oscuro asimismo; da una amplia vuelta sobre las rodillas en forma de cubrir todo lo rojo y aparece sembrado con unas hojas sueltas, color oro viejo, que se juntan en grupo de a tres, como se quisieran imitar la flor de lis. El Niño Jesús dormido Sobre las rodillas de la Señora duerme en Niño Jesús, de pocos meses de edad, los finos labios de la madre parecen haberse pegado con la ultima estrofa de un dulce arrorro en el preciso instante tras vago cabecear dejando caer el bracito izquierdo hacia adelante. Para recostar a su hijo Maria a tendido un pañal, detalle este que por si solo sugiere un largo capitulo de vigilias, de preocupaciones y de ternuras domesticas. Porque apenas se cabe insinuar que ese pañal es obra de Maria. Ambiente hogareño La Virgen de Sumampa de ambiente mas humano, mas real, con mayor sentido de la vida domestica, que hemos contemplado. Difunde en torno suyo el halago de la confianza familiar, de la caricia hogareña, insinuante, acogedora. Hasta se nos ocurre postiza la corona que le asigna la sanción divina de su gloria imperecedera; mejor estaría en su lugar el rodete aquel de trapo que ella armaba sobre su cabeza para asentar el cántaro e ir en busca del agua del manantial; ese pachquil que llama las mujeres de Santiago del Estero. ¿Porque de la Consolación? Está imagen a sido llamada desde tiempos antiguos con el Titulo de Señora de la Consolación. Segun la tradición la advocación Mariana de la Consolación data del siglo IV, en cuya epoca una insigne viuda, lloraba inconsolable la vida disipada y licenciosa de su hijo Agustín. La insistencia de la oración, las lagrimas y suplicas llegaron hasta el cielo y el Señor concendio el pedido para consolar a está madre de la tierra concediendole la gracia solicitada. Está creencia se propago por España, Portugal y sus dominios en los siglos XVI y XVII. Presisamente desde Portugal llego el estanciero Antonio Farías Saa como asi el marino Andrea Juan que trajo la Virgén desde el Brasil por el Oceano Atlantico via Buenos Aires, y el amigo de nombre desconocido vivia en Pernanbuco quien envio la imagén. Tal vez tuvieron una infancia en común en Portugal y como está devoción se suele representar con la Virgén Madre sentada y con un niño en brazos, no es extraño que al recibir la imagen en 1630 haya elegido ese nombre "Madre de la Consolación" Luis Bravo y Taboada "La Consolación de Sumampa" Revista Cultural Regional Sumampa
|
