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domingo, 05 de septiembre de 2010
Carta pastoral de monseñor Francisco Polti, 23-11-08

A los queridos fieles de la diócesis Santiago del Estero y de Añatuya, sacerdotes, consagrados y laicos, a todos los santiagueños,

Con profunda e inmensa alegría me dirijo a ustedes con ocasión de la pronta Coronación Pontificia de la Patrona del pueblo de Santiago del Estero, Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, por el Papa Benedicto XVI.

“El amor a las imágenes de Santa María Virgen frecuentemente se manifestó adornando su cabeza con una corona real. Esta costumbre de representar a la Virgen coronada data, en el pueblo cristiano, desde muy antiguo. Los Romanos Pontífices no sólo secundaron esta forma de piedad popular, sino que, además muchas veces, personalmente con sus propias manos, o por medio de obispos delegados, coronaron imágenes de la Virgen Madre de Dios ya insignes por la veneración pública”[1].

El pasado 24 de junio de 2008 comunicaron por escrito que el Santo Padre había concedido de muy buena gana “que la venerada imagen de la Santísima Virgen María junto con la representación de Nuestro Señor Jesucristo Niño, que recibe piadoso culto en la ciudad de Sumampa, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación, pueda ser adornada con la preciosa corona en nombre y con la autoridad del mismo Sumo Pontífice”.

Con este regalo se cumple un querido y añorado deseo de tantas generaciones de comprovincianos de ver coronada a la Virgen de la Consolación de Sumampa, que desde 1630 fijó su morada en nuestras queridas tierras santiagueñas.

Un gran impulsor fue el venerado hermano nuestro, antecesor en esta sede episcopal, Mons. Audino Rodríguez y Olmos, quien no sólo impulsó la fiesta a partir de la carta pastoral escrita en 1938, sino que también soñó con la pronta Coronación Pontificia. Estas son las palabras que expresaba en su carta a todo el pueblo santiagueño acerca de este hecho: “y así aceleraremos el día, que acaso no esté lejos, en que la misma dulce Madre nos haga gustar, por intermedio del Vicario de su Hijo Jesucristo, el inmenso consuelo de ver coronada la imagen de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa con la coronación pontificia, en augusta e inolvidable ceremonia”.

El 15 de agosto de este año se cumplieron 70 años de estas palabras. Mis antecesores no se olvidaron de Nuestra Señora, cada uno a su modo veneró y manifestó su amor a Nuestra Señora de la Consolación. Mons. Juan Carlos Maccarone volvió a solicitar, no hace mucho tiempo, al Papa Juan Pablo II, la coronación pontificia.

Al tomar posesión de esta querida Iglesia Particular me encontré con la solicitud realizada y aún sin concluir. En las distintas celebraciones y actos pude comprobar con qué amor nuestro pueblo santiagueño trata a nuestra Madre de la Consolación. Oportunidades claras y evidentes fueron también las fiestas de Nuestra Señora que tuve que presidir en el Santuario Diocesano, en el Departamento Quebrachos, donde tantos hermanos, con fe, esperanza y caridad, se acercan a esas tierras marianas a agradecer, implorar, prometer…

El Jubileo Diocesano, por los 100 años de la creación de la Diócesis de Santiago del Estero, me había parecido el marco propicio para este acontecimiento mariano y diocesano, pero por diversos motivos, en esa oportunidad tampoco se pudo concretar. Dios sabe más.

 

Año Mariano

Este acontecimiento mariano y santiagueño, nos invita a prepararnos muy especialmente. De la mano de María, nuestro consuelo, quien siempre nos lleva a Jesús, emprendemos un año dedicado totalmente a Ella, la Madre de Dios y Madre nuestra.

Es por ello que he decidido convocar un año mariano diocesano, el cual comenzará el 23 de noviembre de 2008 y finalizará el 23 de noviembre de 2009 con la coronación pontificia de la Virgen de la Consolación de Sumampa.

Pero, ¿qué es un año mariano? ¿qué significa? Es un tiempo, como dice el Documento de Aparecida, “para reconocer el testimonio de María … e imitarla cada día más”[2]; para renunciar a la inercia y a la comodidad, en consonancia con un cambio de mentalidad y de grandeza de espíritu; para encontrar la ternura y el amor de Dios en el rostro de María; para despertar de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y de hoy; para profundizar en los conocimientos de la escuela de María. En definitiva, es un tiempo, todo un año, para crecer, como hijos de María, en amor hacia Ella.

 

La Escuela de María

Al contemplar el rostro de Santa María que emerge de los Evangelios, podemos descubrir algunas virtudes de Nuestra Señora que nos ayudarán a vivir este año mariano.

Ella es, ante todo, mujer de oración, en el cenáculo, el día de Pentecostés, María acompaña a la Iglesia naciente con sus plegarias. A nosotros nos enseña a acudir a la oración confiada y llena de fe. Especialmente podemos pedir en este año para que el Señor envíe más vocaciones a través del rezo del Santo Rosario. El Papa Pablo VI afirmaba “la conveniencia de que todos tomemos de nuevo en nuestras manos las cuentas del Rosario y de que lo recemos con la sencillez y el fervor de los humildes, de los pequeños y de los confiados…”[3]. Aliento vivamente a seguir rezando esta oración antes de cada Eucaristía, como se hace en muchas de nuestras iglesias, y me sumo a la invitación de Juan Pablo II de rezarlo en familia. ¡Familia que reza unida, permanece unida![4]

María escuchaba y guardaba todo en su corazón, dando su asentimiento al plan divino; por eso Ella es la Perfecta discípula de Cristo. Ella se alimentaba y vivía de la Palabra de Dios. En este año, más que nunca, acudamos a los Textos Sagrados, especialmente a los Evangelios, metiéndonos como un personaje más, y confrontando nuestras vidas, palabras y acciones, con la persona de Jesucristo, rostro humano de Dios, y rostro divino del hombre; nuestro único modelo a imitar y a seguir de cerca. Asimismo propaguemos por todas partes las Sagradas Escrituras sumándonos a la Misión Bíblica Familiar a la que invité en la fiesta de Santiago Apóstol. Con la fuerza de la Palabra de Dios tenemos que realizar la Nueva Evangelización, la Gran Misión Continental impulsada por los Obispos desde Aparecida.

En Caná de Galilea comprobamos que María no sólo se preocupa, sino que también se ocupa de las necesidades de los demás, del prójimo. María no pasa de largo ante el sufrimiento de los demás, sino que se compadece. En este tiempo mariano los enfermos, los más pobres, los sin tierras, los encarcelados, los que sufren, son los privilegiados de nuestro amor. Ante estas cruces, nuestra Madre es consuelo, es compasión, es amor en detalles pequeños y concretos…

María se consideró la servidora del Señor, ante el anuncio grande del Arcángel Gabriel. El servicio que cada uno de nosotros tenemos que prestar es el de anunciar la verdad sobre Jesús y sobre el hombre, el cual implica un estilo de vida ciudadano comprometido en la construcción del Bien Común.

Muchos otros pasajes de la vida de Santa María se pueden comentar y sacar consecuencias prácticas para nuestro obrar y vivir este Año Mariano, pero lo dejo a la creatividad de cada uno de ustedes. La Catequesis de la Iniciación Cristiana, vivencia y maduración de fe de las familias insertas en las comunidades parroquiales, nos ayudará en esa creatividad.

 

Nuestra devoción filial a María

Desde 1630, cuando María quiso quedarse en estas tierras santiagueñas, sus hijos recurrimos a Ella para llegar a Jesús. Un recurso que nada tiene de extraño, nada de ilógico, nada de vano, ya que Ella, como Madre de Cristo, más que cualquier otra criatura, tomó parte en la encarnación y en la participación de la pasión redentora de Jesús. Es conmovedor constatar que acudir humilde y confiadamente a la Virgen es siempre fuente de valor y serenidad. Nosotros nos sabemos necesitados de la ayuda de Nuestra Consolación.

¡Ojalá que a lo largo de este año acudamos más a Ella en los distintos momentos de nuestra lucha cristiana a través de un pequeño signo de amor: una mirada a la imagen que tenemos en el hogar, en la vela que le podamos encender, en el rosario que desmenucemos con ternura, en las palabras de amor que se nos escapan del corazón, en la participación de las fiestas marianas de nuestro pueblo, en la visita a los lugares de culto marianos, además de los santuarios….!

Mientras celebramos esta fiesta de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, que es una de las fiestas marianas más arraigada en la tradición cristiana santiagueña, renovemos durante este Año Mariano, nuestra confianza en Aquella que desde el Cielo vela con amor materno sobre nosotros en todo momento. Esto es lo que decimos en la oración familiar del Avemaría, pidiéndole que ruegue por nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Acudo a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, a Ella “que jamás se oyó decir que hubo pecador que acudiera a su amor, y que de Ella no consiguiera cuanto llegase a pedir”, para impartirles mi bendición más afectuosa en Cristo Jesús. 


Notas

[1] Cfr. PONTIFICAL ROMANO, Coronación de una imagen de Santa María Virgen, Notas preliminares, pág 315.

[2] Doc. Aparecida, n.262.

[3] Cfr. PABLO VI, Homilía 1969.

[4] Cfr. JUAN PABLO II, Santo Rosario de la Virgen María, 41.


Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero

 
Coronación Pontificia

 

El Rector del Santuario Pbro. Mario Luis Monge junto a toda la feligresía gestionaron la Coronación de la imagen sagrada de la Virgen por parte del Vaticano; tengamos en cuenta que solo se coronan aquellas imágenes, que por inmensa devoción de sus fieles gozan de gran popularidad y su lugar de veneración haya llegado a ser sede, centro de un genuino culto litúrgico, con antiguo apostolado cristiano en cualquier parte del mundo.

Nuestra imagen cumple con estos requisitos, milagrosisima, posee uno de los festejos religiosos mas importantes del noroeste Argentino y se destaca por contar con mas de 370 años (este año se cumplirían 378 años) de historia y veneración.

Hubo ya intenciones anteriores de solicitar la Coronación Pontificia de la Virgen, pues la carta pastoral de Monseñor Audino Rodriguez y Olmos sobre el culto de Nuestra Señora en el año 1938, reza: “y así aceleramos el día que acaso no este lejos en la misma dulce madre nos haga gustar por medio de su hijo Jesucristo el inmenso consuelo de ver coronada a la Virgen de la consolación en augusta e inolvidable ceremonia”.

El anterior obispo Monseñor Maccarone presento el en Vaticano una carta el 29 de diciembre del 2000, la cual fue contestada desde Roma el 16 de febrero del 2001 por el Arzobispo Secretario Francesco Pio Tiamburino de la congregación del culto divino donde ser reciben las peticiones y se disponen llevar a cabo el examen del caso, siempre y cuando se cumplan los requisitos previstos: fotografía, informe histórico, teológico, petición de asociaciones civiles, firmas de devotos, etc.

La feligresía de la Virgen de Sumampa acompañado de su Pbro. Mario Monge puso en marcha el operativo de recolección de firmas en las fiestas patronales del 2006.

El significado de la Coronación Canonica explica: que esto responde a la costumbre de los fieles de venerar a la Virgen María como reina, costumbre alentada desde muy antiguo por la Iglesia.

Ciertamente la Virgen es reina por ser la madre del Hijo de Dios, colaboradora del redentor, perfecta discípula de Cristo, miembro especialísimo de la Iglesia, pueblo de reyes, en realidad es verdad y nosotros no podemos añadirle nada que no le haya concedido ya su Hijo Jesucristo, sin embargo para coronar a la Virgen es preciso cumplir determinados requisitos que Nuestra Señora los posee, es precisamente esto lo que le reconocen al conceder la Coronación Canónica, que la devoción de la Virgen de Sumampa es fuente de vida cristiana, tanto por el modo que se celebra su fiesta como por haberse convertido en camino de apostolado y de crecimiento en la vida cristiana de sus devotos.

Revista Cultural Regional Sumampa 

 
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