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A los queridos fieles de la diócesis Santiago del Estero y de Añatuya, sacerdotes, consagrados y laicos, a todos los santiagueños, Con profunda e inmensa alegría me dirijo a ustedes con ocasión de la pronta Coronación Pontificia de la Patrona del pueblo de Santiago del Estero, Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, por el Papa Benedicto XVI. “El amor a las imágenes de Santa María Virgen frecuentemente se manifestó adornando su cabeza con una corona real. Esta costumbre de representar a la Virgen coronada data, en el pueblo cristiano, desde muy antiguo. Los Romanos Pontífices no sólo secundaron esta forma de piedad popular, sino que, además muchas veces, personalmente con sus propias manos, o por medio de obispos delegados, coronaron imágenes de la Virgen Madre de Dios ya insignes por la veneración pública”. El pasado 24 de junio de 2008 comunicaron por escrito que el Santo Padre había concedido de muy buena gana “que la venerada imagen de la Santísima Virgen María junto con la representación de Nuestro Señor Jesucristo Niño, que recibe piadoso culto en la ciudad de Sumampa, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación, pueda ser adornada con la preciosa corona en nombre y con la autoridad del mismo Sumo Pontífice”. Con este regalo se cumple un querido y añorado deseo de tantas generaciones de comprovincianos de ver coronada a la Virgen de la Consolación de Sumampa, que desde 1630 fijó su morada en nuestras queridas tierras santiagueñas. Un gran impulsor fue el venerado hermano nuestro, antecesor en esta sede episcopal, Mons. Audino Rodríguez y Olmos, quien no sólo impulsó la fiesta a partir de la carta pastoral escrita en 1938, sino que también soñó con la pronta Coronación Pontificia. Estas son las palabras que expresaba en su carta a todo el pueblo santiagueño acerca de este hecho: “y así aceleraremos el día, que acaso no esté lejos, en que la misma dulce Madre nos haga gustar, por intermedio del Vicario de su Hijo Jesucristo, el inmenso consuelo de ver coronada la imagen de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa con la coronación pontificia, en augusta e inolvidable ceremonia”. El 15 de agosto de este año se cumplieron 70 años de estas palabras. Mis antecesores no se olvidaron de Nuestra Señora, cada uno a su modo veneró y manifestó su amor a Nuestra Señora de la Consolación. Mons. Juan Carlos Maccarone volvió a solicitar, no hace mucho tiempo, al Papa Juan Pablo II, la coronación pontificia. Al tomar posesión de esta querida Iglesia Particular me encontré con la solicitud realizada y aún sin concluir. En las distintas celebraciones y actos pude comprobar con qué amor nuestro pueblo santiagueño trata a nuestra Madre de la Consolación. Oportunidades claras y evidentes fueron también las fiestas de Nuestra Señora que tuve que presidir en el Santuario Diocesano, en el Departamento Quebrachos, donde tantos hermanos, con fe, esperanza y caridad, se acercan a esas tierras marianas a agradecer, implorar, prometer… El Jubileo Diocesano, por los 100 años de la creación de la Diócesis de Santiago del Estero, me había parecido el marco propicio para este acontecimiento mariano y diocesano, pero por diversos motivos, en esa oportunidad tampoco se pudo concretar. Dios sabe más. Año Mariano Este acontecimiento mariano y santiagueño, nos invita a prepararnos muy especialmente. De la mano de María, nuestro consuelo, quien siempre nos lleva a Jesús, emprendemos un año dedicado totalmente a Ella, la Madre de Dios y Madre nuestra. Es por ello que he decidido convocar un año mariano diocesano, el cual comenzará el 23 de noviembre de 2008 y finalizará el 23 de noviembre de 2009 con la coronación pontificia de la Virgen de la Consolación de Sumampa. Pero, ¿qué es un año mariano? ¿qué significa? Es un tiempo, como dice el Documento de Aparecida, “para reconocer el testimonio de María … e imitarla cada día más”; para renunciar a la inercia y a la comodidad, en consonancia con un cambio de mentalidad y de grandeza de espíritu; para encontrar la ternura y el amor de Dios en el rostro de María; para despertar de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y de hoy; para profundizar en los conocimientos de la escuela de María. En definitiva, es un tiempo, todo un año, para crecer, como hijos de María, en amor hacia Ella. La Escuela de María Al contemplar el rostro de Santa María que emerge de los Evangelios, podemos descubrir algunas virtudes de Nuestra Señora que nos ayudarán a vivir este año mariano. Ella es, ante todo, mujer de oración, en el cenáculo, el día de Pentecostés, María acompaña a la Iglesia naciente con sus plegarias. A nosotros nos enseña a acudir a la oración confiada y llena de fe. Especialmente podemos pedir en este año para que el Señor envíe más vocaciones a través del rezo del Santo Rosario. El Papa Pablo VI afirmaba “la conveniencia de que todos tomemos de nuevo en nuestras manos las cuentas del Rosario y de que lo recemos con la sencillez y el fervor de los humildes, de los pequeños y de los confiados…”. Aliento vivamente a seguir rezando esta oración antes de cada Eucaristía, como se hace en muchas de nuestras iglesias, y me sumo a la invitación de Juan Pablo II de rezarlo en familia. ¡Familia que reza unida, permanece unida! María escuchaba y guardaba todo en su corazón, dando su asentimiento al plan divino; por eso Ella es la Perfecta discípula de Cristo. Ella se alimentaba y vivía de la Palabra de Dios. En este año, más que nunca, acudamos a los Textos Sagrados, especialmente a los Evangelios, metiéndonos como un personaje más, y confrontando nuestras vidas, palabras y acciones, con la persona de Jesucristo, rostro humano de Dios, y rostro divino del hombre; nuestro único modelo a imitar y a seguir de cerca. Asimismo propaguemos por todas partes las Sagradas Escrituras sumándonos a la Misión Bíblica Familiar a la que invité en la fiesta de Santiago Apóstol. Con la fuerza de la Palabra de Dios tenemos que realizar la Nueva Evangelización, la Gran Misión Continental impulsada por los Obispos desde Aparecida. En Caná de Galilea comprobamos que María no sólo se preocupa, sino que también se ocupa de las necesidades de los demás, del prójimo. María no pasa de largo ante el sufrimiento de los demás, sino que se compadece. En este tiempo mariano los enfermos, los más pobres, los sin tierras, los encarcelados, los que sufren, son los privilegiados de nuestro amor. Ante estas cruces, nuestra Madre es consuelo, es compasión, es amor en detalles pequeños y concretos… María se consideró la servidora del Señor, ante el anuncio grande del Arcángel Gabriel. El servicio que cada uno de nosotros tenemos que prestar es el de anunciar la verdad sobre Jesús y sobre el hombre, el cual implica un estilo de vida ciudadano comprometido en la construcción del Bien Común. Muchos otros pasajes de la vida de Santa María se pueden comentar y sacar consecuencias prácticas para nuestro obrar y vivir este Año Mariano, pero lo dejo a la creatividad de cada uno de ustedes. La Catequesis de la Iniciación Cristiana, vivencia y maduración de fe de las familias insertas en las comunidades parroquiales, nos ayudará en esa creatividad. Nuestra devoción filial a María Desde 1630, cuando María quiso quedarse en estas tierras santiagueñas, sus hijos recurrimos a Ella para llegar a Jesús. Un recurso que nada tiene de extraño, nada de ilógico, nada de vano, ya que Ella, como Madre de Cristo, más que cualquier otra criatura, tomó parte en la encarnación y en la participación de la pasión redentora de Jesús. Es conmovedor constatar que acudir humilde y confiadamente a la Virgen es siempre fuente de valor y serenidad. Nosotros nos sabemos necesitados de la ayuda de Nuestra Consolación. ¡Ojalá que a lo largo de este año acudamos más a Ella en los distintos momentos de nuestra lucha cristiana a través de un pequeño signo de amor: una mirada a la imagen que tenemos en el hogar, en la vela que le podamos encender, en el rosario que desmenucemos con ternura, en las palabras de amor que se nos escapan del corazón, en la participación de las fiestas marianas de nuestro pueblo, en la visita a los lugares de culto marianos, además de los santuarios….! Mientras celebramos esta fiesta de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, que es una de las fiestas marianas más arraigada en la tradición cristiana santiagueña, renovemos durante este Año Mariano, nuestra confianza en Aquella que desde el Cielo vela con amor materno sobre nosotros en todo momento. Esto es lo que decimos en la oración familiar del Avemaría, pidiéndole que ruegue por nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Acudo a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, a Ella “que jamás se oyó decir que hubo pecador que acudiera a su amor, y que de Ella no consiguiera cuanto llegase a pedir”, para impartirles mi bendición más afectuosa en Cristo Jesús. Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero |